modern-decor-lucite-giraffe-jonathan-adlerCada semana tutorizo (es decir, enseño y superviso) en la clínica de medicina interna a los residentes en las consultas externas del Hospital Johns Hopkins, en la calle Caroline en Baltimore. Los pacientes son en su mayoría de la ciudad Baltimore y afroamericanos, sin embargo recientemente empieza a acceder un número creciente de inmigrantes hispanohablantes.

He intentado algo nuevo estas dos últimas semanas. Cada vez que un residente me presenta un paciente (como nos exige la ley y la buena práctica), escucho la introducción, sonrío y luego me permito interrumpir con la siguiente petición:

-Por favor, dime algo no médico sobre el paciente.

En nuestra cultura médica, los residentes presentan al paciente de esta manera: “Sr. S. es un hombre de 69 años con enfermedad renal crónica, trastorno bipolar, enfermedad arterial coronaria, hipertensión e hiperlipidemia, acude para seguimiento.” Pero a mí me interesa cada vez más saber algo sobre el paciente como una persona con tres dimensiones, cuando no está en la clínica.

Las respuestas de los residentes a esta solicitud mía parecían pertenecera una de estas categorías.

Hay algunos que obviamente no habían pensado en tal enfoque. Uno dijo: “El paciente es muy agradable. ¿Eso cuenta?”. No, dije. Algunos residentes parecían reconocer que realmente podrían preguntar, por ejemplo, dónde vivía el paciente o qué hacía, pero les faltaba tiempo.

Otros habían preguntado sobre tales cosas, pero necesitaban permiso, por así decirlo, para mencionarlas desde el principio – para permitirse dar al amor por el paciente por los crucigramas, la devoción al coro de su iglesia y a la colección de figuras de jirafas, la misma importancia que la adherencia a la medicación y su nivel de creatina.

(Hubo incluso una residente que se rió, y siguió con su presentación – no estoy seguro si no lo entendió, o simplemente me ignoró).

Ninguno de los residentes dió dicha información personal sobre el paciente en la introducción de su presentación sin que yo lo hubiera pedido. Sólo se permiten ciertos tipos de conocimiento de los pacientes – sus datos biomédicos, sus disfunciones fisiológicas, y (algunos de) sus síntomas. Pero no su vida personal, no lo que hace que su vida – ellos mismos – les merezca la pena vivir. No ellos como personas.

Por supuesto, los criterios de conocimiento permisible se transmiten sólo implícitamente en la escuela de medicina y en la residencia. Pero son poderosos. Son una atmósfera que envuelve al médico en la clínica – tanto que incluso yo, varios peldaños por encima de los residentes en la jerarquía, me siento consciente pidiéndoles que me den una (¡sólo una!), “cosa no médica” como nombre justificativo, acerca de un paciente. E incluso entonces, debo justificarlo: “Se trata de ver al paciente como una persona completa”.

¿Qué cosas no médicas le han preguntado a su paciente o compartido con su médico?

No soy hispanohablante nativo y le doy gracias a un colega generoso de Madrid que me ha editado este blog. Por supuesto llevo la responsabilidad para todas infelicidades de estilo y errores gramáticos.